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Te encontraste en mis sueños aquella madrugada, cuando la lluvia azotaba el tragaluz y el vino me envolvía en aquel vaivén de sensaciones, pensé en ti cada segundo, te sentí, pude olerte, acariciarte y dejarme envolver de tu esencia, mas, cada ves mas, hasta quedar atrapada en aquella nube de magnificencia que expirabas, engrandecí con cada una de tus sonrisas, me estremecí con tu voz, confié en cada una de tus palabras, dedique a ti todos, desde el primero hasta el ultimo paso por aquella vereda que no estaba acostumbrada a pisar, decidí perder mis sentidos ante el látigo de emociones que me causaba tu mirada, caí rendida ante ti, me acerque dulce y silenciosamente, procurando no fallar mientras me creí mas cerca de tu silueta, lo planee todo, lo repetí, ensaye, aprendí y recordé una y otra y otra ves, y finalmente estuve ahí, frente a ti, a tu lado, envolviéndote por completo, abrace tu cuerpo, me aferre a él y poco a poco deje escapar mis mas secretos deseos hacia ti…desapareciste, te busque, te llore, intente encontrarte en cada una de las siluetas que dibujaba mi imaginación, finalmente decidí esperar, pero el reloj daba cambios constantes, llore, grite… pero jamás me arrepentí, no lo hice, no lo hice ni en el momento en el que desperté en aquel helado suelo esa noche de tormenta, no lo hice cuando recordé lo que estaba sintiendo, ni siquiera lo hice, cuando tuve que darme cuenta que era demasiado bueno y solo era un sueño, no me arrepiento y jamás me arrepentiré de haber soñado contigo.

Abrió sus alas y se poso en la flor mas hermosa como era su costumbre, dejo que la delicadeza de sus patas arrastrara con el roció que aun se sentía en el pétalo de aquella flor, abrió las alas y se dejo envolver de la dulzura del néctar, sintió la brisa aliviada, estaba ahí, parada sobre su escape rutinario, admirando una y otra vez la belleza de aquella flor que se había convertido en su capricho al inicio de la primavera desde el día en que la miro abrir sus pétalos; miro al resto de sus compañeras volar, lo hacían en grupos o en soledad, pero volaban, daban vueltas por los prados llenos de hermosas flores, se posaban en una, en otra y otra, la mariposa no podía comprender por que iban de flor en flor, si podían permanecer solo en una y sacarle el mayor provecho posible, se sintió orgullosa de poder serle fiel a su agraciada flor, se sintió aliviada de haber encontrado su escape favorito, ese que llamaba único y exclusivo para ella. Una mañana de primavera, la mariposa emprendió vuelo como de costumbre para permanecer al lado de su amada flor, miro entonces posada en ella a un par de mariposas, inmediatamente apretó el aleteo para llegar a ella con mayor rapidez y reclamar a aquellas mariposas su presencia en su escape, en su exclusivo escape, una vez que estuvo ahí observo cuidadosamente al par de mariposas que felices se jactaban del néctar, intento ejercer algún tipo de reclamo para apartar a las mariposas de su flor, pero se detuvo al notar que la flor no ponía resistencia alguna a la presencia de sus compañeras, aquella flor envolvía las patas de las mariposas con el roció de sus pétalos de la misma manera que lo había hecho alguna vez con ella, seguía luciendo radiante, plena, delicada y maravillosa, seguía dejando escapar aquel delicioso olor de su néctar, lo hacia sin importarle que las mariposas fueran otras, y no la mariposa que la había convertido en su escape la primavera entera.
Dio media vuelta, extendió sus alas y lentamente voló en dirección contaría a su flor, no era justo, ¿Por qué aquella flor ofrecía la misma majestuosidad a esas mariposas, cuando apenas las conocía? ellas no eran las que habían estado ahí el día que fue un botón, o el día que abrió por primera vez sus pétalos, ellas no habían estado diciéndole lo bella que era, ellas solo habían llegado… entonces lo comprendió, comprendió que no importa lo mucho que des, algunas veces para ellos solo eres una opción, aunque para ti sea tu mas grande prioridad y tu mas hermoso anhelo, tu todo, tu escape… pero al final de todo solo te queda dejarlo ir pensando en no cometer el mismo error, no volver a quedarte atada a alguien, mientras los demás vuelan conociendo la majestuosidad que los rodea.